lunes, 16 de junio de 2008
El mundo de los chicos: Peligros de las Nuevas
"YO SE QUE EN EL CHAT HAY GENTE que miente , incluso que es peligroso cuando alguien se desespera por querer encontrarse con vos, hay muchos que te tiran esa carnada, y yo desconfío, pero me gusta conocer a las chicas por el chat”. (Franco, de 16 años).
IVAN , DE 13 AÑOS, cuenta que visitó el fotolog de un chico muy popular en el chat, e hizo que su mamá le diera permiso para conocerlo; la cita fue en un bar de Barrio Norte. “Es un capo, es el mejor alumno de su colegio; todo el mundo lo conoce en la calle, y siempre va acompañado por muchos chicos y chicas; ahora es mi amigo”, dice.
"MUCHAS VECES LAS VISITAS AL FOTOLOG no son tan inocentes y pueden tener una influencia negativa; llegan a formar una verdadera pandilla: salen juntos, toman la misma bebida, se visten a la moda y casi uniformados, usan algunas identificaciones y asisten a los mismos lugares de moda y hasta andan con algunos tatuajes. (Ismael, encargado de un ciber).
martes, 20 de mayo de 2008
Golf en los potreros
Disfruten:
TUCUMAN (De un enviado especial).- Tres chicos que no superan el metro de altura cruzan a toda velocidad un campo arado que se despliega al costado del hoyo 9 del Jockey Club de Tucumán. Uno se tropieza, se da un buen golpe, pero se levanta y sigue. Los otros dos le gritan que se apure. Quieren llegar rápido al alambrado que rodea el club. "Dale que ya viene Pigu", le dicen, y llegan a tiempo para ver a Andrés Romero pararse frente a su pelota en el fairway. No se sabe cómo, pero la multitud de pibes que vive en los barrios humildes cercanos a la cancha conoce el momento justo en el que aparece el ídolo de todos en La Rinconada. Muchos se juntan para esperar que algún jugador impreciso tire la pelota a la calle y ése será para alguno de ellos un pequeño tesoro. Otros se meten en el campo y siguen de cerca a Romero, adonde vaya, observando cada golpe, ilusionados con tener una pelota, un guante, una gorra de la nueva joya del golf argentino. La admiración los mueve y a pesar de su corta edad saben que hasta hace unos años Pigu era uno de ellos.
Como en pocos lugares de nuestro país, en Yerba Buena, un municipio cercano a la capital tucumana, se ven chicos por todos lados. Y los clásicos picados de fútbol le dejan paso a otra pasión. En las plazas, en los patios o en la calle, se pueden encontrar chicos con un palo y una pelotita, con ganas de imitar a Pigu. La explicación es simple. Esta zona siempre dio buenos jugadores y, como Villa Allende, demostró ser un pueblo conocedor del juego, pero la explosión que vivió la carrera de Pigu Romero terminó de despertar la pasión, sobre todo en los más chicos.
Pigu se mueve para todos lados con 15 o 20 chicos detrás. Y sabe cómo manejarlos. Cuando las voces y el movimiento de los bajitos superan lo aconsejable, él los llama y los pone en orden con una simple frase. "¿Se van a portar bien? Bueno, vamos", les dice Pigu, y eso basta para que lo sigan por la cancha sin molestar al resto de los jugadores. Santiago tiene 8 años y responde lo que responden todos cuando se le pregunta a quién viene a ver: "A Pigu, yo quiero jugar como él". Y dice que le gustaría jugar en una cancha de verdad, porque sólo lo puede hacer de vez en cuando, en el patio de su casa.
Está claro que en Yerba Buena hay un enorme semillero natural que necesita ser aprovechado y fomentado de alguna manera. Las posibilidades de formarse para todos esos chicos de escasos recursos son muy limitadas y por eso hay algunos proyectos en marcha. El más concreto es una escuela municipal que fue anunciada durante el Abierto del Norte y que es impulsada por César Monasterio, otro de los grandes jugadores surgidos del Jockey Club. Okin, como lo conocen todos, quiere canalizar todo ese potencial que ve en las calles y le pone el hombro a esta clase de emprendimientos. "Una escuela así es necesaria para que los chicos tengan un lugar donde empezar a jugar en serio. Ellos tienen que practicar en la cancha y no en un baldío o en el patio de sus casas. Y con este proyecto, que apoyamos junto con Pigu y otros profesionales porque nos parece serio, creo que vamos a avanzar mucho. El TPG Tour nos donó pelotas para practicar, tenemos el apoyo de empresas locales y en un principio vamos a utilizar el driving range del Jockey", dice Monasterio, después de sacar todos los hierros de su bolsa para que el puñado de pibes demuestre sus habilidades en el green del 18. Uno a uno pasan pegándole a la pelota y la pregunta surge espontánea: Si le pegan así naturalmente, ¿cuánto serán capaces de mejorar si reciben instrucción y tienen acceso a las canchas de golf?
Está claro que en Tucumán puede haber varios Andrés Romero entre esos pequeños fanáticos. Algunos ya cargan palos y apenas superan el tamaño de las bolsas que llevan. Mientras tanto, se ilusionan con pegarle algún día como lo hace Pigu.
domingo, 18 de mayo de 2008
Yo enseño a mis chicos a escuchar sin sonido
A sus 29 años Scarlett Pazmiño Bravo es toda una veterana en la enseñanza de danza a personas con discapacidad auditiva. La guayaquileña de cabellos oscuros y amplia sonrisa siempre tiene un proyecto o meta que cumplir.
En su agitada agenda se da tiempo para enseñar danza en su academia, dedicarse a la locución e impartir clases de baile a sus alumnos con discapacidad auditiva. La comunicación con ellos no es un problema. Las señales con las manos y los mimos, para captar la atención de sus alumnos, han sido parte de su rutina desde hace 16 años. Ella cree que cada minuto es valioso y le saca provecho.
¿Cómo se vinculó a enseñar danza a personas con discapacidad auditiva?
“Cada escenario. Cada escuela que me abre las puertas y me deja transmitir conocimiento”.
Desde que tenía ocho años me invitaban a bailar a centros de educación especial. Recuerdo que yo bailaba para los niños y a ellos les llamaba la atención la música. Luego pensaba que siempre salían avisos en los diarios de cursos vacacionales para niños, pero no había espacio para los que tienen discapacidades. Ahí me surgió el deseo de enseñarles.
¿A los niños especiales?
No. Primero me inicié con las niñas del Hogar Perpetuo Socorro. Ellas no tienen discapacidad, pero necesitaban de amor porque son huérfanas.
¿Cómo fue esa tarea?
Difícil al principio, porque los adultos se le reían a mi mamá, no creían que yo podía enseñar. Le decían: señora está loca, ¿cómo pretende que su hija enseñe? Tiene ocho años.
¿Cómo la convenció para que le llevara al Hogar Perpetuo Socorro?
“La danza es mi vida. También la enseñanza a los niños y en especial a los discapacitados”.
La molestaba todos los días. Le decía que yo quería enseñar, quería compartir, me nacía en el corazón. Luego del Perpetuo Socorro, enseñé a las niñas del Hogar Femenino nro. 2. Muchas me doblaban en edad: eran ya adolescentes y yo cumplía recién nueve años.
¿Y cómo fue su experiencia de enseñar a adolescentes siendo todavía una niña?
Siempre he visto a mis alumnos como amigos. Ha existido respeto y confianza. Además se podría pensar que tuve problemas con las niñas de Hogar Femenino, porque son de conducta irregular, pero nunca pensé: ‘uyy, cómo me voy a dirigir a ellas’, eso no pasó por mi cabeza. Traté de ser espontánea. Me guiaba el amor.
Entonces ¿cuándo se dio el contacto con las personas con discapacidad?
Eso fue cuando cumplí 13 años. Estaba ya en la secundaria y tenía algo de experiencia. Al principio se me cerraron muchas puertas. Justo acudí a una institución que siempre me invitaba a bailar y me dijeron que no podía impartir clases, porque no tenía un título profesional y que los iba a volver locos. Tenía que ser psicóloga.
Imposible a los13 años...
“Déjame ganar, pero si no puedo, déjame tener el valor de intentarlo”.
Pero yo no me quedé tranquila con esa negativa, conversé con mi mamá y fuimos a la Dirección de Cultura. Conversamos con ellos y les presenté mi proyecto. Ahí se me abrieron las puertas en el Instituto Médico Pedagógico de Audición y Lenguaje (Impal) donde me inicié en enseñar a los niños con discapacidad auditiva.
¿Cuál era exactamente su trabajo?
Ellos estaban interesados en que los niños desarrollaran la expresión corporal. Cuando los visité hubo química con los niños y yo en realidad no soy experta en el lenguaje de señas, pero nosotros nos comunicamos.
¿Y resultó difícil enseñarles aun cuando no escuchan la música?
No fue difícil porque apenas los conocí traté de hacerme entender. Talvez me convertí como en un mimo, si me tocaba expresarme de una manera exagerada lo hacía. No tenía temor, ni pensé nunca ¿ y ahora cómo les explico? No me puse ese obstáculo.Y entonces me dediqué a investigar. Hablé con la directora, luego con las profesoras, para aprender cómo trabajar con estos niños...
¿Qué tuvo que aprender para enseñarles?
Me puse a leer cómo enseñar. Conocer cada una de sus discapacidades. Después les hice tocar el piso de madera, luego los parlantes de la grabadora, que ellos sintieran las cosquillas en su manos. Era importante que sientan la vibración: cuando lo hacían me miraban y sonreían. Entonces sabía que les había gustado, que mi mensaje había llegado.
¿Cómo se fue perfeccionando en el tema de la danza?
Tuve la oportunidad de recibir un curso con una maestra estadounidense. Ella me enseñó lo que era la danza como terapia. También tuve profesoras cubanas que trabajaron con el psicoballet. De ellas aprendí nuevos métodos y cómo llevar las clases. También tuve una maestra peruana, llamada Karla Lainez, con ella aprendí lo que era el arte terapéutico. Cada maestra tiene su método y su manera de llevar la clase, que varía de acuerdo al grupo de personas con el cual trabaja...
¿Cómo fueron sus primeras clases ?
Fue en la época de fuerte lluvia, allá por el año 1993. Para llegar a la escuela Impal, en Durán, tenía que caminar por calles llenas de lodo. Pero cuando entraba al salón veía esas caritas alegres y todo se me olvidaba.
Y todo marchó bien...
No. Se presentaron muchas situaciones, no me gusta decir dificultades. No teníamos grabadoras y me tocó hacerme amiga de la señora de la tienda, para que me proporcione una. Trabajar en un salón que no tenía buena madera. Estaba podrida, teníamos que saltar despacio porque nos podíamos caer...
¿Y cómo fue el trabajo con los padres de familia?
Me tocó convencerlos. Ellos decían: mi hijo es sordo y no va escuchar la música, no podrá bailar. Después cambiaron de actitud.
¿Y los chicos cómo se portaron en clases?
Los chicos en clase nunca se pusieron limitaciones. Algo que ellos tienen es que si alguien del grupo no logra captar un paso, o se les hace difícil, los otros esperan y hasta van y le explican cómo hacerlo.
¿ Qué sintió durante el primer espectáculo?
Mucha emoción, soy llorona, cuando los veo participar se me salen las lágrimas. Me acuerdo que bailamos ‘Los sonidos del silencio’. Era un baile en el que mezclábamos mucho la expresión corporal... Ellos saben que aunque salen bien, les exijo que sean cada vez mejores.
¿No escuchó un ‘no puedo’ entre sus chicos?
La frase ‘no puedo’ está abolida en mi clase. Prefiero el ‘lo voy a intentar’. Les explico las veces que sea necesario. Hay una frase que tenemos como lema: ‘déjame ganar, pero si no puedo déjame tener el valor de intentarlo’. Esa frase surgió de unas olimpiadas en México y nosotros la seguimos utilizando hasta ahora.
Su vida
Scarlett Ketty Pazmiño Bravo nació en Guayaquil el 10 de abril de 1979. Es bailarina, coreógrafa y profesora de danza-terapia.
Tiene formación en danza española, contemporánea, ballet clásico y tango. Ha participado en varios talleres de danza-terapia y ha capacitado a niños, no videntes, sordos y parapléjicos.
Además es comunicadora social y tiene estudios de TV. Está preparando un documental sobre los niños del Impal.
La danza y la música terapia ayudan a los discapacitados
El Instituto Médico Pedagógico de Audición y Lenguaje (Impal), así como el Sistema Nacional de Música para niños especiales de la Fundación Édgar Palacios ( Sinamune) imparten danza y música, respectivamente, a sus alumnos.
Impal es una entidad sin fines de lucro, que fue creada en 1964 para atender a los niños y adolescentes con discapacidad auditiva o con necesidades educativas especiales. En esta organización, ubicada en el cantón Durán, se educan 140 estudiantes.
Desde hace 16 años, entre sus clases regulares está incluida la asignatura de danza. “Fue una necesidad de la entidad. La danza les ayuda a desarrollar su autoestima y la capacidad de organizarse”, asevera la directora de la institución, Magdalena Gilbert.
El Impal tiene su grupo de danza integrado por 28 alumnos, seleccionados por la profesora Scarlett Pazmiño. “Me gusta bailar mucho, estoy en el grupo hace tres años”, cuenta entre señas Luisa Daniela Ávila, de 12 años. A Sheyla Pin, de la misma edad, le encantan las presentaciones. “Me gustan que me aplaudan y que vaya bastante gente”.
La danza terapia o psico-ballet, privilegia la expresión. La música y el movimiento posibilitan un juego creativo, que ayuda a descubrir nuevas formas de expansión y libera tensiones. Esta técnica se practicó en los Estados Unidos a partir de los años cuarenta. Luego pasó a Latinoamérica, con énfasis en México, Argentina y Cuba.
La música por si sola es otro pilar para la rehabilitación de los niños especiales. Al norte de Quito funciona el Sinamune, que inició sus labores en el año 1992, con 40 alumnos y que hoy cuenta con cerca de 100 niños con discapacidad psíquica o sensorial.
Está a cargo del maestro Édgar Palacios, ganador del Eugenio Espejo. Sinamune nació como un proyecto experimental para brindar terapia musical a los niños y jóvenes con discapacidades en lo físico, en lo visual, en lo auditivo y en lo motriz. También participan personas con síndrome de Down. “ En la actualidad tenemos una orquesta con personas entre nueve y 44 años”, dice Palacios con emoción. Durante el año anterior se presentaron en España.
Ambas iniciativas han demostrado que con un poco de perseverancia y amor, es posible alcanzar logros significativos para el desarrollo de los niños especiales.Crecen los casos de discriminación entre los chicos en las escuelas
"La escuela es una célula en el tejido social -dice a Clarín Susana Montaldo, subsecretaria de Equidad y Calidad del Ministerio de Educación-. Antes la escuela era la agencia privilegiada de la trasmisión de la cultura y los modelos de identidad. Hoy esa función se comparte con los medios de comunicación. Y bueno, si pensamos en Patito Feo, y en lo tremendo del mensaje de las divinas y las populares...".
En el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) las denuncias de todo tipo crecen y se acumulan, sobre todo en Capital. Entre 2006 y 2007 el incremento fue del 154%. Y el año pasado, el 17% de las mediaciones fueron presentaciones del ámbito de la educación. Se discrimina en el trabajo, en la calle, en el boliche, en el shopping. Y la escuela no escapa a esta realidad. En lo que va del año hubo 252 denuncias por discriminación en escuelas al 0800 999 2345, la línea gratuita del Inadi, mientras que en todo el año pasado hubo 170.
Las quejas van desde la falta de vacantes hasta la falta de infraestructura para alumnos discapacitados. En el medio, un gran abanico de quejas relacionadas a la nacionalidad. En el Mapa de la Discriminación del Inadi, el 30% de los que respondieron en la ciudad de Buenos Aires sufrió o presenció un hecho de discriminación por la nacionalidad. Y el 65% admitió que se discrimina "mucho" a los extranjeros de países limítrofes. Los grupos más afectados: los inmigrantes bolivianos, peruanos y paraguayos.
En el mismo Mapa de la Discriminación, el 55% de los argentinos dice que se discrimina "mucho" en la escuela, que figura en cuarto lugar, detrás de los boliches, la calle y las empresas. En un apartado de opiniones, el 33% de los bonaerenses estuvo de acuerdo en afirmar que "los trabajadores que vienen de países vecinos les quitan posibilidades a los trabajadores argentinos", una temible frase que se parece demasiado a la de los padres que dicen que los hijos de esos inmigrantes les quitan las vacantes en la escuela a sus hijos. Y los chicos que escuchan y repiten, y así.
El de los estudiantes de países limítrofes en Argentina no es un número menor: son 75.708 alumnos, según el Ministerio de Educación de la Nación. Y el 87% estudia en el sector estatal.
El defensor adjunto porteño, Gustavo Lesbegueris, da cifras: "En total, hay 8.305 chicos en lista de espera porque no hay vacantes en el nivel inicial. El 70 % de esos chicos vive en la zona sur de la ciudad. Y esos chicos que se quedan en sus casas al cuidado de vecinos o de hermanos mayores porque sus padres trabajan, son discriminados al ser privados de educación y socialización. Y luego empiezan la primaria con desventaja con respecto a los que sí hicieron el nivel inicial".
Lesbegueris habla de los chicos del primario que no pueden ir a escuelas de sus barrios. "Además de la discriminación creciente que sufren de sus compañeros por sus nacionalidades, el propio sistema educativo no les ofrece lo que necesitan, que es otra forma de discriminación". El defensor dice que el año pasado los padres de una escuela de Floresta donde iban a ser derivados chicos de la villa 20 de Villa Luro protestaron con elocuentes carteles: "No queremos villeros en nuestra escuela". Esas frases de adultos se cuelan entre risas en aulas y recreos.
La presidenta del Inadi, María José Lubertino, tampoco ahorra críticas al programa Patito Feo....
Dice que hay denuncias de discriminación por el derecho de admisión de los colegios: "Si algo caracterizó a la escuela pública fue la inclusión y la integración. La escuela no puede poner excusas para rechazar a un alumno. Se sabe que cada vez hay más personas viviendo en la zona sur, así que es previsible que cada vez haya más demanda de matrícula escolar. Falta inversión en infraestructura escolar. Debe ser una prioridad presupuestaria. Hoy ya no se puede hablar ni de crisis ni de falta de recursos".


