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jueves, 1 de mayo de 2008

Nik cautivó a chicos y grandes con los secretos de Gaturro

Un gato de peluche de grandes cachetes amarillos y cuerpo marrón que caminaba lentamente por los pasillos de la 34a. Feria del Libro en la tarde de ayer fue la atracción de los más chicos. La presencia de Gaturro, el personaje creado por Nik, cuyas aventuras se disfrutan en las páginas de LA NACION, sorprendió al nutrido grupo de niños que llenó el stand de este diario en el predio de la Rural para ver dibujar a ese humorista.

Marcador en mano, sobre un pequeño escenario y a la vista de todos, Nik recreó sobre folios blancos la figura de algunos de los vecinos, amigos o familiares de Gaturro. "Hacéle los bigotes", pedía Sol Spona, de seis años, en el stand de LA NACION, intentando hacer escuchar su vocecita por sobre la de los otros chicos que también hacían sugerencias al dibujante.

"Te olvidaste de poner tu firma", fue uno de los reclamos a los que Nik accedió con rapidez. "Me sorprende lo detallista que son los chicos", dijo después Nik.

Pero no eran sólo chicos los que disfrutaban de sus ocurrencias. Entre el público había también adultos sin niños, como Sergio González, de 24 años, quien con su novia, Romina Nigro, se sacaron fotos junto al Gaturro de peluche. La pareja contó que disfrutaron también de las explicaciones de Nik sobre cómo hacía sus dibujos.

Con tono didáctico, el humorista explicó que para dibujar a Gaturro "siempre empieza por los ojos y acentuó, ante su atenta audiencia, la importancia de crear un personaje, ponerle un nombre y asignarle un lugar privilegiado de la casa (el techo, en el caso de Gaturro).

En cuanto a las expresiones de la mascota, explicó que un enojo es fácil de identificar cuando la boca se dibuja en forma de v y el miedo, con una boca ondulada.

La presencia de Nik en la Feria es habitual, pero este año el encuentro con el creativo fue diferente. Además de conocerlo, sus fans se pudieron llevar un Diario de Gaturro , pudieron ver avances de la película que está en preparación sobre esa historieta y obtener, gratis, un pequeño póster en el que el mismísimo personaje les augura, con el nombre de cada amigo de la tira, un feliz cumpleaños o les expresa su afecto. En media hora se retiraron 300 de esos dibujos.

Los más contentos fueron los familiares de Tomás Della Bianca. El jueves cuando Tomás cumpla nueve años, verá realizado su sueño de tener en su casa un cuarto pintado con los colores de Gaturro -marrón y amarillo- y con un gran dibujo de esa mascota colgado en la pared. Ayer, Nik dibujó ese Gaturro frente al niño, que no podía salir de su asombro. Verónica Benaglio, madre de Tomás, se lo había pedido por e-mail hace un mes.

En los stands que tienen los libros de historietas el más buscado era Gaturro a lo grande . El humorista firmará ejemplares en los stands de VyR, Ediciones de la Flor y Catapulta, el jueves, el sábado y el 10 de mayo, respectivamente, siempre a las 17.

Con entusiasmo, los chicos pintaron el mural del aeropuerto con la mente en el futuro

Cerca de 200 personas llenaron de arte a la cabecera norte del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito este miércoles. Desde las 8:00 decenas de niños, niñas y jóvenes, llegaron al lugar para dar inicio a este evento auspiciado por Quiport S. A.

Con la ayuda del muralista Gonzalo Balseca, las 36 pinturas finalistas del II Concurso de Murales organizado por la concesionaria del aeropuerto capitalino, quedaron plasmadas gracias al ímpetu de los chicos y chicas, quienes demostraron sus sentimientos sobre el aeropuerto Mariscal Sucre, señala un boletín de prensa enviado a Confirmado.net.

Todos los niños dejaban volar su imaginación. Como es el caso de Pablo Luzuriaga, de 11 años, estudiante del Centro Educativo Roger Bacon, quien pensó en un gran avión que amenazaba con chocar contra los edificios, mientras abajo en las calles, cientos de vehículos luchaban por abrirse paso en el tránsito de la ciudad. “Este aeropuerto está en la mitad de la ciudad y en cualquier momento puede haber un nuevo accidente”, indica Pablo quién todavía tiene muy presente el accidente del avión de Iberia de noviembre del año pasado.

‘No más ruido’ ese fue el lema del dibujo de un grupo de chicos del Colegio Nacional Eloy Alfaro. La pintura mostraba un avión en medio del despegue de la pista mientras un joven siente el intenso ruido en sus oídos y en toda su cabeza.

Mientras que un grupo de chicas, 100 metros más al norte en el mural, ya piensa en el futuro. Carolina Arcos, Andrea Andrade, Jeimy Chiluisa, Shair Rodríguez y Danny Segura, de la Unidad Educativa Ecuatoriano Suizo pintaban la idea de: ‘una nueva cultura para Quito’ en la cual la terminal aérea daba paso a un parque. “Eso es lo que queremos: un espacio descontaminado. Para eso estamos construyendo un nuevo aeropuerto, para que el Mariscal Sucre deje de operar y podamos disfrutar de un gran parque aquí”, es el sentimiento de Jeimy.

domingo, 10 de febrero de 2008

Los chicos disfrutan de obras de grandes maestros


Una nena pregunta sorprendida al ver un autorretrato dislocado de Emilio Pettoruti, "¿ese pintor era así?". Cuando todos los presentes moderan la inevitable risa, la guía explica que Pettoruti se pintó como si estuviera "ante un espejo roto", porque esa era la forma que había elegido para ver el mundo. Alrededor de veinte chicos escuchan con atención a la guía. De verdad, con mucha atención. Está terminando una de las visitas guiadas para niños que -con el título "Descubrí los objetos escondidos en las obras"- son organizadas por el departamento educativo del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) durante el mes de febrero. Estas visitas guiadas fueron diseñadas como un paseo lúdico, para que los chicos de entre seis y doce años de edad se acerquen a las obras de artistas argentinos.

Para los chicos, las instrucciones a seguir son sencillas. Cada niño debe elegir un cartoncito de un determinado color, según su edad. Al darlo vuelta, leerá frases como "Arriba de la mesa se escribe una historia", "El perro rompió el diario de mi tío", o la sugestiva "Tengo un bote azul y oro". Con esa información, el niño deberá buscar en dos salas del museo algún cuadro o escultura que pueda asociar a esas palabras. Cuando lo encuentra, tiene que colocar el cartoncito en el piso, frente a la obra. Todo toma la dinámica de un juego a las escondidas, pero sin corridas ni gritos. Los chicos saben que están en un lugar donde no se puede tocar nada, pero sí se permite mirar. Y de eso se trata. Algunos se tienen que poner en puntas de pie para ver mejor, otros consultan a sus padres o abuelos, otros eligen una obra y luego otra.

Patricia Corsani, la guía del MNBA, anuncia que terminó el tiempo y todos se sientan en semicírculo donde ella indica que es justo frente al impresionante "Elevadores a pleno sol" de Benito Quinquela Martín. Empieza por ahí porque es donde hay más cartones. Corsani los lee uno por uno, busca a sus respectivos dueños y les pregunta por qué la frase les sugirió esa imagen. Por ejemplo, una tarjeta dice "en este barrio algo misterioso puede suceder" y la nena de nueve años que puso esa frase ahí explica que eligió ese cuadro porque los trabajadores del puerto que aparecen "no tienen protección si se caen al agua". Estamos en la sala dedicada a los pintores de la Boca y los chicos explorarán a Víctor Cúnsolo, Eugenio Daneri, Onofrio Pacenza, Fortunato Lacámera o a Miguel Carlos Victorica, entre otros artistas.

También entra en el juego de observación la sala contigua -llamada "La llegada de lo nuevo"- que incluye a la generación que se acercó a la vanguardia, con Pablo Curatella Manes, Sesostris Vitullo, Antonio Sibellino y Emilio Pettoruti. A partir de un juego, los guías aprovechan para explicar a los chicos algunas nociones -perspectiva, pincelada y matiz- o la diferencia entre cuadro y escultura -"el cuadro es como aplastado y las esculturas son gordas", aventura una nena- para hacerlos contrastar estilos y temas. Y en definitiva, para ayudarlos a mirar con su plena participación. "Cuando dejás que se expresen, todos los chicos se integran a la actividad -cuenta Corsani- es muy interesante, porque nosotros escribimos las frases pensando en una obra en especial, pero nunca podemos prever qué mensaje le va a llegar desde el cuadro al chico".

En efecto, la frase "seguro que se le rompió el espejo", que correspondía al autorretrato de Pettoruti, terminó en un cuadro de Quinquela Martín, por la movilidad que un chico detectó en el agua, profusamente pintada. La frase "si pudiera ayudarla", que podía corresponder al cuadro "La pérdida del hijo" de Eugenio Daneri, terminó en la premiada "Cocina bohemia" de Victorica, porque para Dante -un chico de 11 años- "toda la comida que aparece en la mesa puede ayudar a la gente que no tiene".

La elección de las salas no es azarosa. "Nos parece importante que los chicos perciban el contraste de lo que hacen los artistas de la Boca y lo que hacen los artistas que empiezan a renovar el arte en el país. Acá se ven muy claramente las dos direcciones que tomaron la pintura y la escultura", explica Corsani. Pero, sobre todo, al MNBA le interesa que los chicos se acerquen al arte argentino desde una mirada personal, cercana y sin solemnidades: "Quinquela siempre tiene un atractivo muy grande para los chicos, por los colores intensos, la imagen simple, incluso por el tamaño de los cuadros". La actividad, además, busca un sentido más profundo que el simple entretenimiento: "al motivar a los chicos para que expliquen espontáneamente lo que ven en cada cuadro, queremos acercarles la idea de que el artista también fue libre y pintó como quiso. Estas dos salas se alejan de la academia o el naturalismo, y por eso dan más pie para desarrollar la idea de libertad en el arte".