Fabio Mancin es un joven italiano que desembarcó por primera vez en Córdoba hace poco más de cuatro años. Desde entonces, está en marcha el proyecto-sueño de Nilda y Silvana, dos mujeres de barrio San Ignacio, que trabajan desde hace 13 años por los niños de la comunidad. Ese sueño se llama La Casita del Sol .
“Veíamos muchos chicos en la calle y empezamos dándoles la leche en un garaje, y ayudándolos con las tareas en este lugar, que era una canchita de fútbol”, relata Silvana, rememorando sus inicios en esta actividad. “El problema eran los días de lluvia, porque no teníamos un techo... pero en 2004 apareció un ‘ángel de la guarda’ y ahora tenemos casa”, continúa emocionada.
En 2004, Fabio planeaba viajar a Haití para realizar tareas solidarias pero la situación política de ese país lo impidió, y “por un amigo de un amigo” se contactó con una organización no gubernamental cordobesa que trabaja en barrios urbano marginales. “Por una casualidad vine a Córdoba, por una casualidad conocí a Nilda, y así surgió todo”, cuenta Fabio, y reconoce que ese sueño lo cautivó.
Manos a la obra. Al sueño de Nilda y Silvana se sumó Fabio, y como él muchas personas más que pusieron manos a la obra y comenzaron con la construcción. “Organicé entre conocidos de Europa, a través de Internet, una especie de lotería virtual, y a medida que iban donándome dinero, compraba cosas para La Casita”, explica el joven oriundo de Turín, Italia.
Mientras tanto, en Córdoba, vecinos de San Ignacio contribuían con la edificación luego de sus jornadas laborales. “Yo trabajaba de peón, llevaba y traía agua, porque de construcciones no sé nada”, se defiende este doctorado en Física, que actualmente reside en Suiza. “Trabajábamos junto a Andrés, un albañil de la zona, hasta muy tarde, en el medio de la villa, con apenas una lamparita”.
La obra había comenzado en abril de 2004, y cinco meses después estaba prácticamente terminada. El 25 de setiembre hubo celebración doble en La Casita del Sol: la inauguración oficial y la despedida de Fabio.
“Pensar que hago esto sólo por los otros es absurdo, porque lo que me retribuye a mí estar acá no tiene nombre”, explica, y admite: “Esto le dio un nuevo sentido a mi vida porque encontré algo que quiero hacer siempre: ayudar a los otros y aprender de ellos”.
Multifuncional. Actualmente, en La Casita del Sol funciona una guardería por la mañana, y por la tarde apoyo escolar para distintos niveles de escolarización, donde acuden chicos de San Ignacio y Villa Urquiza.
Hoy constituida como asociación civil, recibe ayuda estatal para la comida de los chicos (desayuno y almuerzo), y parte del apoyo escolar que brindan.
Fabio organiza eventos en Europa para enviar dinero a la asociación “porque siempre faltan cosas”, pero destaca que hay mucha gente con quien comparte el proyecto.
“Todos se entusiasman cuando les cuento, y para los eventos hasta tengo sponsors”, dice.
Reconoce que el proyecto de barrio San Ignacio se sostiene por el esfuerzo de las personas que, día tras día, pasan horas con los chicos. “Nilda hizo (y hace) algo que muchos universitarios no saben hacer: ayudar a los que menos tienen”, dice orgulloso.
Van por más. Esta última visita a Córdoba le despertó nuevas inquietudes y está gestando otro proyecto: un taller de panadería para adolescentes. “Darles contención a niños hasta los 11 años no alcanza, cuando son más grandes hay que enseñarles formas de ganarse la vida”, dice convencido. “Empezamos por el pan, porque el pan se come en todos lados”, justifica, y aclara que la idea es ampliar la gama de enseñanzas hacia la costura, la plomería, la albañilería, entre otros. El objetivo es claro: darle a los jóvenes herramientas que les permitan trabajar.
domingo, 11 de mayo de 2008
martes, 6 de mayo de 2008
Natalia Oreiro será la conductora de “Un sol para los chicos”
Natalia Oreiro será la conductora de la edición número 17 de "Un sol para los chicos", el programa especialmente generado para recaudar fondos a total beneficio de UNICEF, para que esta organización pueda continuar el trabajo que desarrolla en nuestro país.
Nuevamente UNICEF y Canal Trece, con el apoyo de la Fundación Noble del Grupo Clarín, se unen para realizar este evento solidario en pro de la niñez y la adolescencia argentina.Adrián Suar, director de Programación de Canal Trece, llamó directamente a Natalia para ofrecerle la conducción. Ella aceptó feliz y sin dudarlo.
Este año, la idea es poder superar la cifra récord recaudada en el 2007: $ 4.233.356.
"Un sol para los chicos" se emitirá en agosto por la pantalla de Canal Trece.
Programa de “Chicos con Menos Calle” en la Matanza
Julio Ramovecchi coordinador del programa “Chicos con Menos Calle” que depende de la Secretaria de Acción Social y que trabaja con los chicos que viven en situación de calle en las estaciones de Laferrere y Ramos Mejía.
Explicó en la emisión radial de NCO, “Desde la Redacción” que el programa nació hace 4 años “por causa de la demanda espontánea de los vecinos preocupados por los chicos que vagaban en la estación de Ramos Mejía”.
Y destacó la importancia de que por primera vez en La Matanza una institución gubernamental forme parte de semejante programa”.
Más tarde el coordinador detalló que esta actividad tiene tres ejes principales, el primero es “una callejeadas que un grupo de operadores realiza con los pibes y se hace de esta manera un primer contacto”
“Nos acercamos a través de una mateada y buscamos acercarnos a los pibes y una vez que los chicos perciben confianza pasamos al segundo paso un poco más difícil, poder vincularnos con ellos en otra instancia y poder integrarlos en actividades y trabajar sobre el daño que la calle produjo sobre ellos”, prosiguió.
En cuanto a las actividades que se desarrollan en el centro de Ramos Mejía expresó que ahí los chicos “se bañan, se le realizan curaciones, comemos juntos”.
Luego explicó la tercer instancia tiene que ver con una revinculación familiar y manifestó que “el vinculo familiar de los pibes esta muy deteriorado”.
Ramovecchi aseguró que “no existe un común denominador que enmarque la situación de los chicos. Cada pibe tiene una historia diferente”.
Al finalizar indicó que el programa comenzó en Ramos Mejía y luego se extendió a Gregorio Laferrere, “en Ramos Mejía se logró que la mayoría de los chicos refuerce su vinculo familiar o esta en algún lugar copado que lo contiene”.
Explicó en la emisión radial de NCO, “Desde la Redacción” que el programa nació hace 4 años “por causa de la demanda espontánea de los vecinos preocupados por los chicos que vagaban en la estación de Ramos Mejía”.
Y destacó la importancia de que por primera vez en La Matanza una institución gubernamental forme parte de semejante programa”.
Más tarde el coordinador detalló que esta actividad tiene tres ejes principales, el primero es “una callejeadas que un grupo de operadores realiza con los pibes y se hace de esta manera un primer contacto”
“Nos acercamos a través de una mateada y buscamos acercarnos a los pibes y una vez que los chicos perciben confianza pasamos al segundo paso un poco más difícil, poder vincularnos con ellos en otra instancia y poder integrarlos en actividades y trabajar sobre el daño que la calle produjo sobre ellos”, prosiguió.
En cuanto a las actividades que se desarrollan en el centro de Ramos Mejía expresó que ahí los chicos “se bañan, se le realizan curaciones, comemos juntos”.
Luego explicó la tercer instancia tiene que ver con una revinculación familiar y manifestó que “el vinculo familiar de los pibes esta muy deteriorado”.
Ramovecchi aseguró que “no existe un común denominador que enmarque la situación de los chicos. Cada pibe tiene una historia diferente”.
Al finalizar indicó que el programa comenzó en Ramos Mejía y luego se extendió a Gregorio Laferrere, “en Ramos Mejía se logró que la mayoría de los chicos refuerce su vinculo familiar o esta en algún lugar copado que lo contiene”.
jueves, 1 de mayo de 2008
Nik cautivó a chicos y grandes con los secretos de Gaturro
Un gato de peluche de grandes cachetes amarillos y cuerpo marrón que caminaba lentamente por los pasillos de la 34a. Feria del Libro en la tarde de ayer fue la atracción de los más chicos. La presencia de Gaturro, el personaje creado por Nik, cuyas aventuras se disfrutan en las páginas de LA NACION, sorprendió al nutrido grupo de niños que llenó el stand de este diario en el predio de la Rural para ver dibujar a ese humorista.
Marcador en mano, sobre un pequeño escenario y a la vista de todos, Nik recreó sobre folios blancos la figura de algunos de los vecinos, amigos o familiares de Gaturro. "Hacéle los bigotes", pedía Sol Spona, de seis años, en el stand de LA NACION, intentando hacer escuchar su vocecita por sobre la de los otros chicos que también hacían sugerencias al dibujante.
"Te olvidaste de poner tu firma", fue uno de los reclamos a los que Nik accedió con rapidez. "Me sorprende lo detallista que son los chicos", dijo después Nik.
Pero no eran sólo chicos los que disfrutaban de sus ocurrencias. Entre el público había también adultos sin niños, como Sergio González, de 24 años, quien con su novia, Romina Nigro, se sacaron fotos junto al Gaturro de peluche. La pareja contó que disfrutaron también de las explicaciones de Nik sobre cómo hacía sus dibujos.
Con tono didáctico, el humorista explicó que para dibujar a Gaturro "siempre empieza por los ojos y acentuó, ante su atenta audiencia, la importancia de crear un personaje, ponerle un nombre y asignarle un lugar privilegiado de la casa (el techo, en el caso de Gaturro).
En cuanto a las expresiones de la mascota, explicó que un enojo es fácil de identificar cuando la boca se dibuja en forma de v y el miedo, con una boca ondulada.
La presencia de Nik en la Feria es habitual, pero este año el encuentro con el creativo fue diferente. Además de conocerlo, sus fans se pudieron llevar un Diario de Gaturro , pudieron ver avances de la película que está en preparación sobre esa historieta y obtener, gratis, un pequeño póster en el que el mismísimo personaje les augura, con el nombre de cada amigo de la tira, un feliz cumpleaños o les expresa su afecto. En media hora se retiraron 300 de esos dibujos.
Los más contentos fueron los familiares de Tomás Della Bianca. El jueves cuando Tomás cumpla nueve años, verá realizado su sueño de tener en su casa un cuarto pintado con los colores de Gaturro -marrón y amarillo- y con un gran dibujo de esa mascota colgado en la pared. Ayer, Nik dibujó ese Gaturro frente al niño, que no podía salir de su asombro. Verónica Benaglio, madre de Tomás, se lo había pedido por e-mail hace un mes.
En los stands que tienen los libros de historietas el más buscado era Gaturro a lo grande . El humorista firmará ejemplares en los stands de VyR, Ediciones de la Flor y Catapulta, el jueves, el sábado y el 10 de mayo, respectivamente, siempre a las 17.
Marcador en mano, sobre un pequeño escenario y a la vista de todos, Nik recreó sobre folios blancos la figura de algunos de los vecinos, amigos o familiares de Gaturro. "Hacéle los bigotes", pedía Sol Spona, de seis años, en el stand de LA NACION, intentando hacer escuchar su vocecita por sobre la de los otros chicos que también hacían sugerencias al dibujante.
"Te olvidaste de poner tu firma", fue uno de los reclamos a los que Nik accedió con rapidez. "Me sorprende lo detallista que son los chicos", dijo después Nik.
Pero no eran sólo chicos los que disfrutaban de sus ocurrencias. Entre el público había también adultos sin niños, como Sergio González, de 24 años, quien con su novia, Romina Nigro, se sacaron fotos junto al Gaturro de peluche. La pareja contó que disfrutaron también de las explicaciones de Nik sobre cómo hacía sus dibujos.
Con tono didáctico, el humorista explicó que para dibujar a Gaturro "siempre empieza por los ojos y acentuó, ante su atenta audiencia, la importancia de crear un personaje, ponerle un nombre y asignarle un lugar privilegiado de la casa (el techo, en el caso de Gaturro).
En cuanto a las expresiones de la mascota, explicó que un enojo es fácil de identificar cuando la boca se dibuja en forma de v y el miedo, con una boca ondulada.
La presencia de Nik en la Feria es habitual, pero este año el encuentro con el creativo fue diferente. Además de conocerlo, sus fans se pudieron llevar un Diario de Gaturro , pudieron ver avances de la película que está en preparación sobre esa historieta y obtener, gratis, un pequeño póster en el que el mismísimo personaje les augura, con el nombre de cada amigo de la tira, un feliz cumpleaños o les expresa su afecto. En media hora se retiraron 300 de esos dibujos.
Los más contentos fueron los familiares de Tomás Della Bianca. El jueves cuando Tomás cumpla nueve años, verá realizado su sueño de tener en su casa un cuarto pintado con los colores de Gaturro -marrón y amarillo- y con un gran dibujo de esa mascota colgado en la pared. Ayer, Nik dibujó ese Gaturro frente al niño, que no podía salir de su asombro. Verónica Benaglio, madre de Tomás, se lo había pedido por e-mail hace un mes.
En los stands que tienen los libros de historietas el más buscado era Gaturro a lo grande . El humorista firmará ejemplares en los stands de VyR, Ediciones de la Flor y Catapulta, el jueves, el sábado y el 10 de mayo, respectivamente, siempre a las 17.
El colegio donde los chicos pagan las amonestaciones con trabajo social
En el establecimiento Kairuz de Mendoza, los alumnos tienen que saldar su inconducta con labores comunitarias. Cuáles son los resultados de su implementación. Participe de la encuesta
Una escuela mendocina encontró una nueva forma de hacer que sus chicos se comporten mejor. Se trata de una original medida que hace que en lugar de encontrar sólo una sanción, los alumnos remedien su mala conducta con trabajo social.
En el colegio Kairuz, de Mendoza, los alumnos que son amonestados deben cumplir con labores comunitarias y con la asistencia a un taller de reflexión como "castigo".
En Palmira, localidad de San Martín, se puso en marcha hace 12 años el proyecto "Reparación de amonestaciones: Escuela de Valores". Por cada amonestación que reciben, los alumnos deben cumplir con tres horas de trabajo social.
Además de reparar "socialmente" el daño hecho en el establecimiento, los chicos pueden asistir a talleres artísticos (pintura, títeres o escenografía), tal como consignó el Diario Uno, de esa provincia.
Según el propio establecimiento, los resultados de esta práctica son satisfactorios y repercuten en la conducta general del alumno. "Muchos siguen asistiendo a los talleres y realizando actividades artísticas", dijo María Cristina Gauna, la directora de la escuela.
En el colegio Kairuz, de Mendoza, los alumnos que son amonestados deben cumplir con labores comunitarias y con la asistencia a un taller de reflexión como "castigo".
En Palmira, localidad de San Martín, se puso en marcha hace 12 años el proyecto "Reparación de amonestaciones: Escuela de Valores". Por cada amonestación que reciben, los alumnos deben cumplir con tres horas de trabajo social.
Además de reparar "socialmente" el daño hecho en el establecimiento, los chicos pueden asistir a talleres artísticos (pintura, títeres o escenografía), tal como consignó el Diario Uno, de esa provincia.
Según el propio establecimiento, los resultados de esta práctica son satisfactorios y repercuten en la conducta general del alumno. "Muchos siguen asistiendo a los talleres y realizando actividades artísticas", dijo María Cristina Gauna, la directora de la escuela.
Con entusiasmo, los chicos pintaron el mural del aeropuerto con la mente en el futuro
Cerca de 200 personas llenaron de arte a la cabecera norte del aeropuerto Mariscal Sucre de Quito este miércoles. Desde las 8:00 decenas de niños, niñas y jóvenes, llegaron al lugar para dar inicio a este evento auspiciado por Quiport S. A.
Con la ayuda del muralista Gonzalo Balseca, las 36 pinturas finalistas del II Concurso de Murales organizado por la concesionaria del aeropuerto capitalino, quedaron plasmadas gracias al ímpetu de los chicos y chicas, quienes demostraron sus sentimientos sobre el aeropuerto Mariscal Sucre, señala un boletín de prensa enviado a Confirmado.net.
Todos los niños dejaban volar su imaginación. Como es el caso de Pablo Luzuriaga, de 11 años, estudiante del Centro Educativo Roger Bacon, quien pensó en un gran avión que amenazaba con chocar contra los edificios, mientras abajo en las calles, cientos de vehículos luchaban por abrirse paso en el tránsito de la ciudad. “Este aeropuerto está en la mitad de la ciudad y en cualquier momento puede haber un nuevo accidente”, indica Pablo quién todavía tiene muy presente el accidente del avión de Iberia de noviembre del año pasado.
‘No más ruido’ ese fue el lema del dibujo de un grupo de chicos del Colegio Nacional Eloy Alfaro. La pintura mostraba un avión en medio del despegue de la pista mientras un joven siente el intenso ruido en sus oídos y en toda su cabeza.
Mientras que un grupo de chicas, 100 metros más al norte en el mural, ya piensa en el futuro. Carolina Arcos, Andrea Andrade, Jeimy Chiluisa, Shair Rodríguez y Danny Segura, de la Unidad Educativa Ecuatoriano Suizo pintaban la idea de: ‘una nueva cultura para Quito’ en la cual la terminal aérea daba paso a un parque. “Eso es lo que queremos: un espacio descontaminado. Para eso estamos construyendo un nuevo aeropuerto, para que el Mariscal Sucre deje de operar y podamos disfrutar de un gran parque aquí”, es el sentimiento de Jeimy.
Con la ayuda del muralista Gonzalo Balseca, las 36 pinturas finalistas del II Concurso de Murales organizado por la concesionaria del aeropuerto capitalino, quedaron plasmadas gracias al ímpetu de los chicos y chicas, quienes demostraron sus sentimientos sobre el aeropuerto Mariscal Sucre, señala un boletín de prensa enviado a Confirmado.net.
Todos los niños dejaban volar su imaginación. Como es el caso de Pablo Luzuriaga, de 11 años, estudiante del Centro Educativo Roger Bacon, quien pensó en un gran avión que amenazaba con chocar contra los edificios, mientras abajo en las calles, cientos de vehículos luchaban por abrirse paso en el tránsito de la ciudad. “Este aeropuerto está en la mitad de la ciudad y en cualquier momento puede haber un nuevo accidente”, indica Pablo quién todavía tiene muy presente el accidente del avión de Iberia de noviembre del año pasado.
‘No más ruido’ ese fue el lema del dibujo de un grupo de chicos del Colegio Nacional Eloy Alfaro. La pintura mostraba un avión en medio del despegue de la pista mientras un joven siente el intenso ruido en sus oídos y en toda su cabeza.
Mientras que un grupo de chicas, 100 metros más al norte en el mural, ya piensa en el futuro. Carolina Arcos, Andrea Andrade, Jeimy Chiluisa, Shair Rodríguez y Danny Segura, de la Unidad Educativa Ecuatoriano Suizo pintaban la idea de: ‘una nueva cultura para Quito’ en la cual la terminal aérea daba paso a un parque. “Eso es lo que queremos: un espacio descontaminado. Para eso estamos construyendo un nuevo aeropuerto, para que el Mariscal Sucre deje de operar y podamos disfrutar de un gran parque aquí”, es el sentimiento de Jeimy.
Violencia juvenil: ¿Quién contiene a los chicos?
por María Brandán Aráoz
Escritora
Basta leer los diarios, a veces sólo hojear la primera página, para enterarnos de nuevos casos de violencia juvenil. Un adolescente que mata a otro a puñaladas, un joven que le propina una brutal golpiza a un compañero, dos chicas que acorralan a una tercera, la patean y le pegan hasta mandarla al hospital... Y decenas de enfrentamientos entre adolescentes que terminan a golpes, navajazos o a los tiros.
¿Qué les pasa a los chicos y a los jóvenes violentos? Algunas voces, supuestamente autorizadas, y otras, no tanto, se levantan airadas, acusadoras, a la defensiva o a la caza de los máximos responsables. Muchos, sin dudar, responsabilizan a los padres; otros, a los docentes y a los directivos de los colegios; y la mayoría culpabiliza a los juegos de red, a la televisión, a los medios de comunicación, al Estado, la desigualdad social, la ausencia de valores, la impunidad... Y distintas carencias de la sociedad en la que vivimos.
Parece más fácil depositar la culpa afuera, “pasarse la pelota”, no hacerse cargo de la responsabilidad que cada uno tiene en el problema. Por eso, entre tanto discurso acusador, es válido preguntarse: ¿Quién contiene a los chicos?
¿Cómo se engendra la violencia en los chicos?
Hay muchos responsables citados, pero como sería imposible incluirlos a todos en estas líneas (el espacio en la web es tirano), nombraré a aquellos que, a mi juicio, son decisivos a la hora de prevenir y contener la violencia juvenil. Sólo espero que los demás responsables también reflexionen sobre la parte que les toca, y traten de aportar soluciones al problema.
La violencia no surge de golpe, se va gestando desde la infancia. Por eso es innegable la responsabilidad que tienen los padres como principales educadores de los hijos.
Hay muchas formas de educar, pero la mejor es predicar con el ejemplo. Todos sabemos que los chicos aprenden más, y peor, de los malos ejemplos que de cualquier discurso pretendidamente edificante. Si desde la niñez ellos presencian peleas encarnizadas y frecuentes, malos tratos, insultos, discusiones airadas y, ni qué hablar, amenazas o castigos físicos, tarde o temprano imitarán esos comportamientos.
Surten más efecto en el espíritu y en la memoria infantil las escenas de cólera desatada de los padres, que las frases pacifistas, anteriores o posteriores. “No tenés que pelear con tus compañeros”. “¡Pero si vos también te peleaste con tu amiga!”. “¡No le pegues a tu hermana! ¿No ves que es más chica?” “¿Y por qué papá me pega a mí, que soy más chico?”
Algunos hijos son capaces de dar estas respuestas sinceras que, en mi opinión, son las más saludables. Pero otros chicos, no; tienen miedo a perder el cariño de los padres y entonces callan... y acumulan: rabia, rencor, resentimientos... No debería extrañarnos que semejante carga emocional infantil explotara como dinamita en la adolescencia.
No sólo con malos ejemplos se maleduca en la violencia, también con aparentes bondades, que son meras debilidades. ¿Ejemplo? Un chico que llora, grita, tira cosas al piso o patea la puerta y, finalmente, consigue lo que quiere (“Está cansado, mejor le compro el juguete, así se calma”, claudica la madre), además recibe una mala enseñanza. En el futuro creerá (no sin asidero) que basta con enfurecerse y hasta golpear para conseguir lo que quiere. Si la experiencia se repite durante toda la infancia, es muy probable que, ante cualquier frustración, el otrora chico caprichoso se transforme en un adolescente iracundo.
Otra mala educación, a la que me referí en una nota anterior, está en el polo opuesto: es la falta de respeto con la que tratamos a veces a los más chicos. Sin intención aviesa, los padres podemos ser desconsiderados: cuando revelamos sus intimidades ante extraños, los tironeamos o zamarreamos, los minimizamos o los privamos de ciertos derechos apenas tienen “uso de razón” (¿se le cede el asiento a un escolar con mochila? ¿Se los respeta en la cola de la panadería? ¿Se los saluda como al adulto?). Y algo más importante todavía: no siempre los escuchamos ni les prestamos la debida atención. Los adultos estamos ocupados en mil cosas, es cierto, pero nada puede ser más importante que el mensaje de un hijo. Este proceder distraído, en apariencia inocente, violenta a los chicos. “¡Papá, no me estás escuchando!”. Es el reclamo permanente de algunos hijos, una necesidad insatisfecha que les provoca mucha bronca y frustración. En la adolescencia, el mismo reclamo de atención puede llegar a traducirse en un acto violento.
Si sembramos vientos, cosecharemos tempestades. La semilla de la violencia en la tierra fértil de la niñez, dará frutos amargos en la adolescencia.
“Malos ejemplos, debilidad, falta de respeto... ¡Tampoco los padres somos santos! ¿Quién no se pelea con su mujer, llega cansado y no escucha al pibe o lo consiente con tal de no aguantarle la rabieta? ¿No se le va un poco la mano?”, me increpa un lector indignado. Ah, si encima se nos va la mano... Una cachetada es una agresión con mayúsculas, no un simple sopapo “para que reaccione” como piensan algunos adultos. La violencia siempre engendra más violencia. Nada la justifica, salvo cuando se ejerce en defensa de la propia vida.
Los padres no somos santos, es cierto, pero no estaría mal reconocer, más seguido, que somos falibles, que cometemos errores y que los chicos son testigos de nuestras actitudes non sanctas. No estaría nada mal y podría ayudarnos a ser mejores. Además de reconocer, deberíamos reparar y hasta pedir disculpas cuando nos equivocamos. Lejos de perder autoridad, ganaríamos el respeto, la estima y la confianza del chico.
Educar con responsabilidad y sana autocrítica, sobre todo durante los primeros años, es el arma más eficaz para prevenir la violencia en los chicos y en los futuros adolescentes. Esa sí, tendríamos que portarla todos.
Distintas formas de violencia: ¿Las contenemos?
“Muy bien, todo muy razonable, pero suponga que el chico ya está maleducado y es violento. ¿Qué hacemos ahora? ¿Quién lo contiene? ¿Cómo sigue esta película? Porque volver el tiempo atrás, ya no podemos. ¡Déme soluciones!”, se impacienta un lector.
Si me lo permiten, antes me gustaría profundizar en el concepto de violencia. Una pelea a muerte (literal), una golpiza brutal, una puñalada, no siempre se desencadena de un momento para el otro, sin decir “agua va”. (Salvo que estemos ante un severo desequilibrio mental o bajo los efectos de las drogas). Por más equivocados que sea, el agresor tiene sus motivos y, aunque duela decirlo, puede que la víctima o los testigos hayan contribuido, sin intención, a exacerbarlo.
La violencia asesina no tiene ninguna justificación, pero pueden llegar a descubrirse los síntomas previos al estallido y cuál fue el factor desencadenante de la agresión. La violencia suele ser acumulativa y gradual. Se comienza con un cruce amenazante de miradas, una burla, un gesto despectivo, una carcajada maligna, un insulto... ¡Tantas ofensas “menores”! Hasta que los contendientes se precipitan en una riña que termina en la muerte o en la hospitalización de uno de ellos, o de un tercero (por lo general más pacífico y vulnerable).
Veamos algunos testimonios. “Todo empezó en la fiesta de quince, cuando los dos se miraron desafiantes”. “Le tiró unos bollos de papel en clase, y entonces «P» lo esperó a la salida para trompearlo”. “Empezaron a discutir a los gritos. Enseguida vimos que «M» sacaba un arma y empezaba a los tiros.”
En este in crescendo de violencia, ¿no hubo ningún adulto cerca, atento? ¡Tendríamos que estar más alerta ante los primeros síntomas! No sólo los padres sino todos: profesores, directivos, parientes, vecinos, encargados de edificios... Los adultos, en fin, que formamos parte del entorno más cercano, familiar y geográfico, de los chicos.
Porque no sólo hay violencia juvenil en las escuelas (pese a que hayan ocurrido allí los últimos y más resonantes casos) sino también en las calles, los “boliches”, las fiestas y en todos los lugares concurridos por chicos para relacionarse entre sí. Aunque a veces la violencia se fue acumulando, como decíamos antes, y el agresor buscó el momento oportuno, con ausencia de adultos, para desatarla sin contención.
Los maestros suelen ser los más atentos, los que descubren y describen mejor la personalidad agresiva de algún alumno. Hay una vocación maternal o paternal que los lleva a observar con mayor preocupación y sensibilidad, a conocer y a detectar con prontitud que “algo raro le está pasando a este chico”. La citación a los padres, muchas veces preventiva, podría ser un principio de solución. Sin embargo, algunos maestros se quejan de lo contrario. El progenitor citado reacciona mal, se niega a reconocer que el hijo tiene un problema, se enoja con el docente. “¿Usted quiere investigar qué pasa en mi familia? El chico no hizo nada grave, todos se pelean a esa edad”. Y cuando de la pelea y la burla se pasa a la golpiza o al homicidio, ya es tarde para lamentarse.
Los demás adultos: profesores, directivos, vecinos, parientes, ¿están alertas? Porque la violencia juvenil existe y tiene un efecto multiplicador. Y vale aquí una pregunta: ¿Es necesario mencionar a agresores y víctimas de forma tal que puedan ser fácilmente identificables. ¿No se estará exacerbando una fama malsana, al hacerlos aparecer en letras de molde? Tratándose de casos de violencia juvenil, ¿no deberíamos ser más cuidadosos al difundirlos?
“¡Déme soluciones! Además de estar atentos, ¿cómo se procede con el joven violento?”, insiste mi impaciente lector. Si la cuestión llega a mayores, interviene un juez de menores. La cuestión queda en manos de la justicia que, hoy en día, no garantiza que se haga justicia. (Aunque ese sería el tema de otra nota).
Pero si el chico golpeado se recupera, ¿qué castigo recibe el golpeador? ¿Es suficiente con suspenderlo un par de días? ¿Cambiarlo de turno? La palabra “expulsión” es poco simpática pero, digámoslo de una vez, creo que “un cambio de institución” sería preferible a “un cambio de turno”. Me parece una ingenuidad pensar que el mismo colegio que fue testigo del delito puede ayudar al agresor a recuperarse. Sinceramente, no lo creo. Opino que la relación colegio-alumno ya está deteriorada, la autoridad desbordada y el episodio envileció cualquier convivencia pacífica.
En beneficio, no sólo de los otros alumnos sino del propio agresor, sería preferible darle una segunda oportunidad... en una segunda institución. Buscarle un lugar donde no esté encasillado como un violento, donde no arrastre el estigma de golpeador, donde pueda intentar ser otro o uno más, ni el peor ni el más temido. En beneficio de todos, al chico agresor habría que darle el traslado a un nuevo colegio. Y si le duele perder el ámbito conocido, tanto mejor. Que sufra las consecuencias de su proceder, y que los padres sufran las consecuencias de su mala educación.
Esa es la vida real, las demás contemplaciones, aunque figuren en la normativa escolar estatal, se parecen más a la ficción.
Buenos ejemplos, diálogos firmes, límites claros, educación respetuosa y una señal de alerta permanente son las mejores herramientas para prevenir la violencia juvenil. Más difícil será curarla y ¡ojalá pudiéramos desterrarla!
Chicos y adolescentes necesitan amor, atención y límites; nada más y nada menos.
Fuente: San Pablo Online
Fuente: San Pablo Online
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